
El hombre fue creado para disfrutar de comunión íntima con Dios y los demás (el intercambio y festejo de la vida en los demás, que es en realidad la práctica del Amor) Para esto Dios estableció el matrimonio y la familia. En el primer matrimonio, Dios era una parte muy importante de la vida de Adán y Eva; él los visitaba todos los días y participaba en su existencia para bendición de ellos, enseñándoles y adiestrándoles en la realización del propósito de haberles creado. Pero después de la elección del hombre por “conocer el mal” y su separación de la comunión con Dios (Amor), su existencia se convirtió en una corrupción de aquello para lo que fue creado. Esto incluye todos los aspectos de su existencia, y de una manera muy dolorosa, la vida de su familia. Cada hogar se convirtió, y es hasta el día de hoy, un centro de conflicto y de estrés, con todas las consecuencias que esto trae a la vida de una persona. Dios declaró que este sería el caso en Génesis 3. No estableció esta condición en el hombre como “castigo” por su rechazo y desobediencia, ya que el único pago por cualquier pecado, bajo la ley perfecta de Dios, es la muerte eterna. En cambio, Dios declaró que esta situación sería el resultado de la elección del hombre. Por lo tanto, hasta el día de hoy, todos los seres humanos viven y sufren sujetos estos factores destructivos en cada familia en la Tierra, algunos más que otros, pero todos sin excepción, saben muy bien el poder destructivo del orgullo, el engaño, la necedad, la violencia, el abuso, la amargura , etc
La BUENA NOTICIA es que Dios ha intervenido en la existencia del hombre para salvar a todos de esta maldición y ¡para hacernos miembros de Su familia! Para hacer esto, Él vino a darnos vida, su vida, y hacerlo en gran abundancia. Esto significa, que nuestra necesidad de una verdadera comunión que imparte vida, es absolutamente suplida en el preciso lugar al que hemos venido a este mundo, crecemos y tenemos nuestra residencia: ¡NUESTRA CASA!
¿Qué ha provisto Dios para que esto sea una realidad constante y cotidiana en nuestros hogares? ¡INSTALAR SU VIVIENDA EN CADA UNO DE NOSOTROS! Esto es lo que
Emanuel significa:
“He aquí la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel,” que
traducido significa “Dios con nosotros”. (Mateo 1:23)
Tener a Dios entre nosotros nunca había sucedido en la historia humana. En el pasado, Dios había establecido que Él “visitaría” a la nación de Israel de vez en cuando, de acuerdo con su obediencia a las leyes y los mandamientos que Él les dio. Pero nadie podía acercarse o llegar cerca del lugar que escogió como objeto de su presencia física; Ese lugar fue llamado el “Lugar Santísimo” y siempre estaba encubierto de la vista y no debía ser traspasado, bajo pena de muerte instantánea. Sólo una vez al año, era permitido que una persona especial pudiese entrar: El sumo sacerdote, y sólo podía entrar por unos momentos; pero cuando lo hacía, tenía que estar preparado para morir si su oferta no era aceptable a Dios. ¡Por lo que todos temían y temblaban cuando se trataba de estar cerca de Dios! Así que puedes apreciar la importancia del mensaje que la Escritura anterior tiene: Emanuel “Dios con nosotros” ¿De qué trata esta declaración? Se trata de un cambio total en la relación entre el hombre y Dios. Por primera vez en la historia de los seres humanos, Dios vendría a habitar entre ellos, como podemos comprobar en las palabras pronunciadas en el siguiente verso:
“El Verbo (La Palabra) se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del
unigénito (único) del Padre, lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14 NBLH)
¡Esto es absolutamente diferente! En lugar de que el hombre buscara a Dios, y que se le prohibiera estar en su presencia, ¡Dios vino a vivir entre los hombres! Y lo hizo en la misma forma que los hombres: “El Verbo se hizo carne” ¿Qué resultó de ese asombroso evento? ¿Qué nos vino a mostrar? Esta es la mejor parte de todo lo que vino a hacer: ¡Nos mostró una Familia! ¡La familia de Dios! El Padre y el Hijo. ¿Por qué se muestra como el Hijo de Dios? Porque éste es el propósito más importante que Dios tiene: Él vino a invitamos a formar parte de la familia de Dios, Él vino para hacer posible que podamos ser invitados a aceptar ser adoptados por Dios como sus hijos. Había llegado el momento para que Dios cumpliera Su más preciado sueño: ¡Crear su familia¡ y él había elegido hacerlo mediante la adopción de seres humanos que acepten su invitación. Es por eso que vino, y tomó forma de hombre, y por eso se mostró como el Hijo de Dios, porque Él vino para hacernos hijos e hijas de Dios. Ve lo que Dios dice acerca de esto en Juan 1:11-12:
“A los suyos vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre.” Jesús es la persona que es “Dios con nosotros” Y en los libros de los Evangelios podemos leer y aprender acerca de cómo manifestó quién y cómo es Dios. Pero todo lo que hizo fue con este único propósito: Integrar o crear la familia de Dios, a través de los que estarían de acuerdo en ser adoptados y se transformados en sus hermanos y hermanas como hijos de Dios.
El plan de Dios para crear su familia es un plan de tamaño de Dios. El no busca adoptar a unos cuantos hijos, o unas cuantas docenas de ellos, no, ni siquiera cientos, o miles, o millones, Dios busca, que cada ser humano sea hecho su hijo. ¡Ese es el tamaño de familia que sueña y desea! Y es por eso que está dispuesto a gastar miles de años, trayendo de cada generación a los que estaría de acuerdo con él en ser hechos su familia. ¿Por qué? Él lo llama AMOR. Amor eterno, y es porque Él es eterno, que cientos o miles de años son como sólo un momento para Él.
Cuando Jesús completó todo lo necesario para hacer posible que los seres humanos sean adoptados en su familia, dijo estas palabras:
“En la casa de Mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, se lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para ustedes. Y si me voy y les preparo un lugar, vendré otra vez y los
tomaré adonde Yo voy; para que donde Yo esté, allí estén ustedes también.”
(Juan 14:2-3NBLH)
Esto es exactamente lo que Jesús está haciendo en este momento, trabajando para preparar un lugar para cada uno de nosotros en la casa de su Padre, para que todos los que hemos aceptado su invitación sea recibido como un hijo o hija de su Padre y vivamos con ellos eternamente.
Pero ¿qué pasa con nosotros mientras tanto? ¿Qué pasa con nosotros aquí en la Tierra después de haber recibido la invitación para ser adoptados y transformados en la familia de Dios como hijos? Durante nuestro tiempo en esta Tierra, no hemos sido abandonados. Nos demos cuenta o no, somos las personas más importantes para nuestro Padre y nuestro Hermano Jesús. Por este motivo, Jesús dijo estas palabras:
“..Yo rogaré al Padre, y El les dará otro Consolador (Intercesor) para que esté con ustedes
para siempre; es decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni lo ve
ni lo conoce, pero ustedes sí lo conocen porque mora con ustedes y estará en ustedes.”
(Juan 14:16-18 NBLH)
Con estas palabras, Jesús nos habla de algo realmente sorprendente. Él está a punto de dar su vida como pago por todo el pecado y la rebelión de la humanidad entera, y cuando lo haga, Él va a irse de la Tierra, ya no estaría aquí en la forma de un hombre, él vuelve a su Padre con el fin de preparar un lugar para cada uno de sus hermanos y hermanas, que son añadidos a su familia. Pero en seguida se refiere a la ausencia de su presencia en la Tierra, diciendo: “No os dejaré huérfanos”, mi Padre enviará su Espíritu, no sólo para estar con ustedes (afuera), ¡pero para estar dentro de cada uno!
Lo que Jesús está hablando es un evento aún más grande que su venida al mundo a morar entre los hombres. Durante su tiempo en la Tierra, sólo podía estar con un número limitado de personas en un solo lugar a la vez. ¡Pero la familia que Dios quiere será formada de los seres humanos a lo largo de toda la Tierra! Y es asombrosa la sabiduría y el poder de Dios: ¡Jesús en la forma de hombre, en un cuerpo de carne y sangre se va de la Tierra! Pero no hay vacío, Su Espíritu viene. Y ahora, no hay limitaciones, porque ¡su Espíritu puede estar en cada persona, en cualquier lugar, al mismo tiempo siempre, para asegurar que cada miembro de su familia no pase ni un momento sólo y sin ser servido como hijo o hija de Dios!
Mira lo importante que es para el Padre y para Jesús lo que estamos viendo:
“Jesús le respondió: “Si alguien Me ama, guardará Mi palabra; y Mi Padre lo amará, y
vendremos a él, y haremos con él morada.” (Juan 14:23 NBLH)
La palabra “morada” significa: “este es nuestro lugar favorito para vivir” ¡Esto es absolutamente maravilloso! ¡La revelación de que cada uno de nosotros puede ser la residencia favorita de Dios! ¿Por qué es esto así? Porque nosotros, cada uno, somos amados y lo más precioso para Dios como hijos suyos. Por supuesto, esto sólo se aplica a aquellos que han aceptado ser adoptados por Él. Iniciamos este breve documento hablando sobre el hecho de que: El hombre fue creado para disfrutar de comunión íntima con Dios y los demás (el intercambio y festejo de la vida en los demás, que es en realidad la práctica del amor) Y sucede, que cuando una persona recibe la adopción de Dios, él o ella es ¡convertido en morada de Dios mismo! ¿Con qué fin? A fin de que cada hijo(a) sea transformado de ser humano en la semejanza de Dios. Es por eso que Jesús vino como el Hijo de Dios, de modo que podemos ver en él, que hemos de ser hechos por el poder y el amor de Dios. ¿Y cómo es Jesús? ¿Cómo tiene Él comunión con su Padre? Vamos a dejar que Él nos conteste directamente:
“¿No crees que Yo estoy en el Padre y el Padre en Mí? Las palabras que Yo les digo, no las hablo por Mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en Mí es el que hace las obras.” (Juan 14:10 NBLH).
Hemos de ser hechos exactamente como Él es! Él y su Padre son uno; ¡Uno viviendo dentro del otro! Este es un concepto extraño para el entendimiento humano, ¡pero es una realidad absoluta y totalmente natural para ellos! Es por eso que, cuando somos adoptados a su familia, inmediatamente nos da su Espíritu; el Espíritu Santo viene a residir en cada uno de nosotros, de modo que volvamos a nacer y seamos transformados en un nuevo ser que funciona exactamente de la manera en que Jesús es! Por esta razón, antes de partir, Jesús habló a su padre acerca de cada uno de nosotros con las siguientes palabras:
“..que todos sean uno. Como Tú, oh Padre, estás en Mí y Yo en Ti, que también ellos estén en Nosotros, para que el mundo crea que Tú Me enviaste.
“La gloria que Me diste les he dado, para que sean uno, así como Nosotros somos uno: Yo en ellos, y Tú en Mí, para que sean perfeccionados en unidad, para que el mundo sepa que Tú Me enviaste, y que los amaste tal como Me has amado a Mí. ” (Jn 17,21.23 NBLH).
¿Puedes ver lo maravilloso que ésto es? ¡Se nos ha dado una nueva vida que es idéntica a la de Jesús! ¡Pero espera! Mira la razón que Jesús declara:
“para que el mundo sepa que Tú Me enviaste, y que los amaste tal como Me has amado a Mí.“
¡No hay palabras para describir la grandeza de esto! La importancia de la presencia de su Espíritu en cada uno de nosotros, es para que pueda ser certificado, sin lugar a dudas, que Jesús fue enviado por Dios para adoptarnos, y que su padre nos ama ¡tal como le ama a Él! Ahora podemos entender la verdad acerca de la comunión verdadera y de la presencia real de Dios, tal como se explica en el siguiente verso:
“El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él hay, puesto que es Señor del cielo y de la tierra, no mora en templos hechos por manos de hombres, ni es servido por manos humanas, como si necesitara de algo, puesto que El da a todos vida y aliento y todas las cosas.” (Hechos 17:24-25 NBLH)
Hay dos cosas maravillosas en esta declaración:
1. Dios no habita o vive en edificios construidos por el hombre.
2. Dios no es adorado por los esfuerzos de los hombres.
Durante milenios, el hombre ha buscado significado para su vida, buscado a Dios, busca buscado respuestas a su condición, y en el proceso ha desarrollado muchas ideas y creencias que se han convertido en filosofías y religiones. Pero ninguna puede compararse con la verdad que Dios nos está revelando a través de Jesús. Y en todas sus formas y creencias, el hombre siempre está buscando hacia afuera de sí y en un determinado “lugar” “institución” o “mediador” con el fin de tener acceso a la atención y el favor de su dios. Pero lo que Jesús nos manifiesta es absolutamente diferente: ¡Cada uno de nosotros es hecho el templo donde vive Dios! Veamos esta verdad en las siguientes escrituras:
“¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?” (1 Corintios 3:16 BLH)“.. Porque nosotros somos el templo del Dios vivo, como Dios dijo: “HABITARE EN ELLOS, Y ANDARE ENTRE ELLOS; Y SERE SU DIOS, Y ELLOS SERAN MI PUEBLO.” (2 Corintios 6:16 NBLH) ¡Esto es maravilloso! ¡Nosotros! ¡Cada uno de nosotros! ¡Convertido en el hogar de Dios! ¡Residencia favorita de Dios!
CONTINUA LA PROXIMA SEMANA…
http://youtu.be/xIWGYOwJgns
