EL PECADO DUELE…

En días pasados he estado pasando por unos conflictos familiares. No se tu pero a mi me son muy molestas estas cosas. Parece que cuando pienso que al fin se han arreglado las cosas, de repente pasa algo que parece arruinarlo todo. Nada de esto estubo bajo mi control. Me abusaron, me hicieron daño, me faltaron al respeto, se aprovecharon de mi  y de todo lo que he hecho para ayudarles. Y para acabarla de amolar,  cuando me atreví a decir algo, yo salí siendo la mala persona. Ahora me tienen “castigada” como siempre hacen cuando no consiguen lo que quieren. Si no permito que me controlen es la manera en que me hacen pagar. ¿Porqué Dios mío? Les he dado todo, les he servido, y he soportado sus insultos, sus faltas y sus desprecios.

Me he sentido fatal. No soy la clase de persona que puede ignorar los problemas. Necesito que se resuelvan. No tengo problema aceptando mis errores, y me he examinado y pedido a Dios que me examine y me enseñe lo que El tiene para mi en todo esto.

Unos días después estaba llevando a cabo un proyecto preparando una mezcla de aceites medicinales. Es una opción mejor que medicamentos  de la farmacia que tienen tatos efectos secundarios. La mezcla que estaba preparando es para DOLOR. Tenía mi lista de aceites, las botellas, el gotero y todo lo necesario. Comencé a llenar la botella con dada aceite indicado, uno tras otro. Y luego llegué al último que me hizo pensar en algo que dicen las Escrituras. El aceite era el hisopo.

hyssop-oil      Mira lo que Dios me está enseñando:

En el momento que vi el hisopo, Dios trajo a mi memoria esta Escritura:

“Purifícame con hisopo, y seré limpio;
Lávame, y seré más blanco que la nieve.” Salmo 51:7 

Entiendo que el hisopo limpia precisamente porque la Biblia lo enseña. Pero no sabía que también alivia el dolor. Mientras terminaba de mezclar mis aceites para mi remedio de DOLOR, seguí escuchando a mi Padre hablarme.

Mira con cuidado como se relacionan estas cosas: El pecado y el dolor. En realidad es muy sencillo de ver. El pecado inevitablemente e indudablemente hace daño, y al hacer daño, causa dolor. ¡Toda clase de dolor! Dolor de la conciencia, dolor de vergüenza, dolor de la separación entre familia, entre otras personas y aun dolor físico. Tremenda verdad ¿No te parece?

Entonces le pedí a mi Padre que me limpiara de todo el pecado que yo había permitido que entrara a mi ser al ser provocada. Fíjate en algo muy importante:             Yo solo soy responsable por mis propios actos. No tengo control ni                   responsabilidad de los actos de los demás. ¡Solamente de los míos! 

Soy responsable de mis pensamientos, mis decisiones y mis acciones. Y eso es lo que le he estado entregando a mi Padre para que los limpie. Si El permitió que esto pasara, fue con este propósito. Al menos hasta aquí he llegado en este episodio de mi vida en El.

Sigo aprendiendo porque estoy segura que hay mas que debe cambiar en mi vida a causa de todo esto. Algunas de esas cosas no las entendía. Dios ha estado cambiando mi vida y quiero que continúe. No quiero permitir que ningún pecado estorbe su obra en mi.

¡Si! ¡El pecado lastima! Gracias a Dios por proveer el hisopo de la sangre de Jesús para limpiarnos.

Te invito a participar de lo que Dios te ofrece.

 

 

 

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