Aun en lo pequeño…

Creo que todos clamamos a Dios o dependemos de El en las cosas grandes. No tenemos problema en pensar que podemos ir a El en las desgracias, enfermedades, y problemas que no podemos manejar. Nos gusta estar en control de  nuestras vidas y solo le damos lugar a Dios cuando nos sentimos fuera de control. ¿Cierto? Pero cuando se trata de las cosas pequeñas, le echamos muchas ganas. Nos frustramos, nos esforzamos hasta el agotamiento y terminamos exactamente así, agotados, desgastados y frustrados. Es muy difícil para nosotros dejar el control a Dios, y así permitirle a El hacer en nosotros lo imposible.

Te voy a contar un incidente en mi vida que casi no iba a compartir por lo mismo; porque es tan sin importancia que pensé no hacerlo. Pero Dios me hizo sentir la importancia que puede tener para álguien esta historia, que decidí compartirlo.

Hace unos años tuve una embolia y aunque Dios me ha dado el uso de todo mi cuerpo en manera milagrosa, hay algunas cosas que requieren destreza y pericia que se me hacen difíciles de llevar a cabo. Mi mano izquierda todavía, y digo todavía porque tengo la esperanza de que mi Padre no ha terminado de sanarme, es muy débil y falta de destreza.  Si tu me ves, no te puedes dar cuenta que tengo esa debilidad, hasta que tengo que enfrentarme con ciertas cosas que se me hacen muy difíciles de llevar a cabo.

Una de esas cosas es coser. Me refiero a confeccionar prendas de vestir. Yo comencé a hacerlo cuando era muy niña haciéndoles ropa a mis muñecas de sabanas viejas. Desbarataba los vestidos que ya tenían y de las piezas sacaba patrones para hacer los “nuevos”. De allí nació la creatividad y la emoción de crear. Cuando estaba en la secundaria llevé taller de costura. Después seguí practicando e inventando mis propios sistemas e ideas; cuando me iba a casar hice mi vestido de novia. Los vestidos de novia son mucho mas complicados de confeccionar que un vestido común y corriente. El alcanzar esa meta me dio mas seguridad de que si podía yo confeccionar lo que me propusiera y me atreví a hacer de todo incluyendo sastrería, trajes de hombre, camisas, corbatas, de todo. Llegó el momento en que hasta hice tapicería, cuando recubrí unos muebles de sala que teníamos. He hecho cortinas, bolsas de dama, de todo. Ya de mamá, les hacia a mis hijas casi toda su ropa. Otras madres me preguntaban dónde les compraba sus vestidos porque querían para sus niñas. Cuando les decía que yo los había hecho a veces no lo podían creer porque estaban tan bonitos y originales. Yo hacia mis propios patrones. Combinaba telas de manera original no siguiendo nada mas las modas. Me encantaba y me daba mucha satisfacción como te puedes dar cuenta. Me animaron a entrar a una competencia y me saqué el primer lugar.

Cuando tube la embolia todo eso se acabó. Al principio quedé paralizada de todo el lado izquierdo y solo la misericordia de Dios me ayudo a recuperarme poco a poco. Ahora después de nueve años que paso eso, se me han presentado muchas oportunidades y necesidades para coser. Habiendo tenido tantas y tan grandes habilidades para ello en el pasado, se me ha hecho difícil y frustrante no manejarlo como antes. Quizá no puedas entenderlo porque hay que experimentarlo para entender. El asunto es que ya no me he atrevido a hacerlo . A veces le he pedido ayuda a mi esposo cuando he tenido que coser algo y el me a apoyado como siempre. Pero ya no hago proyectos grandes, ni de chiste.

Un día fuimos de compras y tenían unas ofertas en la tienda que no pude resistir.  Vi unos pantalones que se me habían antojado antes y estaban a tan buen precio que los compré. Cuando llegamos a casa y aunque me los había probado en la tienda, me di cuenta que iba a tener problemas con el cierre y las bolsas. Cuando ya eres de mas avanzada edad y subes un poco de peso, esas cosas son problemáticas. Entonces me quedaron dos opciones, regresar los pantalones a la tienda, o arreglar los problemas para quedarme con ellos. Cuando llegas a mi edad valoras la comodidad mas que la moda. Jajaja

Lo dejé en la bolsa por unos días pensando y peleando con mis temores de no poder arreglarlo. Deja ver si te puedo explicar: Mi cabeza sabe muy bien qué y como hacerlo, pero mi mano izquierda no coopera. Eso me ha dejado muy insegura de hacer muchas cosas que se muy bien como hacer. ¡Allí estoy, con la prenda enfrente y no puedo hacerlo! ¡Le doy vuelta, la doblo, y me pongo a sudar de la pura frustración! Por eso ya no hago proyectos de costura. Gracias a Dios que El me ha dado otras cosas que me encantan hacer y así no extraño tanto hacerlo.

Después de unos días, decidí enfrentar la desicion. ¿Lo regreso o lo arreglo? ¡Ay pero me gusta tanto! ¿Que hago Padre? Y en ese momento me vino a la mente la idea exacta de como resolver el problema del cierre. Esa fue mi respuesta de mi Padre que debía yo intentarlo. Muy bien Papito, lo haremos juntos. En tu nombre aquí vamos. No puedo explicarte realmente la emoción que me llenó al sentirme tan segura de lo que iba a hacer.

Para lograrlo tuve que volver a mi niñez. Porque la idea que Dios me dio  fue usar otro pantalón para resolver el problema del cierre. Es un proceso complicado, detallado y no sencillo, pero muy posible. Después de hacer los cortes en los dos pantalones con todos los detalles que tuve que determinar, los puse a un lado por unos días. Estaba exhausta de todo el esfuerzo físico que hice con la mano que no me ayudaba.En cada paso, lo tomé con calma, hablando con mi Padre constantemente. Ahora ya estaba todo listo ahora para unir las dos partes de los dos diferentes pantalones. Tuve que probarme el pantalón a cada paso para asegurarme que todo estaba quedando bien.  Créeme que para una mujer en la edad de la menopausia tan solo eso requiere mucho trabajo y esfuerzo. ¡Ufff!

Cada vez que pasaba por donde tengo la mesa con mi máquinas de coser, allí dobladitos estaban los pantalones de tela color jirafa. ¡Color jirafa! ¡Ay como me gustan! ¡Y lo voy a lograr! ¡Gracias Padre!

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Aquí tienes las bolsas internas, el cierre, y la pretina ya removidas del pantalón original. Dos, y esto es muy serio; dos pares de lentes para poder ver lo que hago. Eso es algo que también es muy molesto para una persona como  yo que ha gozado de visión 20/20 toda la vida y ahora no puede ver de cerca. ¡Ay!

Ha llegado el día que me propongo a terminar los pantalones cueste lo que me cueste. Decidida y con todo a mi alcance, me puse a terminar mi proyecto. “Ayúdame Padre, sin tu ayuda no puedo hacer nada.”Puse un CD de himnos que me inspiran y a darle.

Después de varias vueltas de la maquina de coser a la recamara para probarme los pantalones después de cada paso, y así asegurar que todo iba bien, al fin terminé.

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Vista de atrás doblado.

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Vista de enfrente doblado. Y me queda perfectamente bien. Fácil de subir y bajar. Perfectamente cómodos.

¡Que satisfacción! Una meta que ahora se me hacia tan difícil o casi imposible, pero no con Dios.

¿Ay cosas tuyas que a Dios se le hacen poca cosa? ¿O tu crees que no le importas? Pues estas equivocado. No hay nada grande ni PEQUEÑO en tu vida que El no considera de suma importancia. Solo hay una manera de comprobar esto en tu vida: Dale la oportunidad de vivirlo contigo en cada situación que enfrentas, sea grande o pequeña.

Que Dios bendiga tu vida.

 

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